El horror llega al campo universitario en Virginia
TWP
LLANTO. El 16 de abril, en Virginia Tech un estudiante mató a 32 personas y luego se suicidó.
El estudiante de origen coreano, Cho Seung-Hui, fue autor de la mayor masacre en un centro educativo en la historia del país
Por Milagros Meléndez-Vela
El Tiempo Latino
La patética imagen de Cho Seung-Hui frente a la cámara filmadora hablando de resentimientos y confusos deseos de venganza, se mezclan con el dolor y la frustración que recuerdan el fatídico 16 de abril en la Universidad Virginia Tech, en Blacksburg.
Seung-Hui mató a 32 personas, entre ellas dos estudiantes hispanos, Juan Ramón Ortiz, puertoriqueño de 26 años y estudiante de ingeniería y Daniel Pérez Cueva, peruano de 21 años, residente de Woodbridge, Virginia, quien cursaba la carrera de relaciones internacionales.
Luego el asesino se quitó la vida, dejando una serie de interrogantes y lecciones .
“Ustedes tuvieron cien mil millones de oportunidades para evitar el día de hoy”, dijo en un video que llegó a la cadena de televisión NBC minutos después de la masacre.
La tragedia comenzó pasadas las 7 de la mañana en un dormitorio de la universidad, donde Seung-Hui, de 23 años mató a dos estudiantes.
Dos horas después, el joven de origen coreano, llegó armado con dos revólveres y un chaleco cargado de municiones, al Norris Hall, un edificio de salones de clase, y abrió fuego contra estudiantes y profesores.
Ese día, Seung-Hui disparó contra todo ser humano que se encontraba a su paso, y al acercarse la policía se suicidó, dijeron testigos y autoridades.
Los meses siguientes a la tragedia, un panel escogido por el gobernador de Virginia, investigó los hechos. La intención fue descubrir cuáles fueron las fallas en la respuesta de emergencia de las autoridades, y si es que se pudo haber previsto la tregedia.
Los por menores de la masacre sacaron a luz la perturbación de un joven, que estuvo en tratamiento psiquiátrico desde niño.
A raíz de la tragedia, los legisladores iniciaron la revisión de leyes relacionadas con la salud mental y adquisición de armas a fin de evitar que se repitan las terribles escenas.
Por otro lado, la comunidad se unió con los familiares de las víctimas. Hubo vigilias, conmemoraciones y reconocimientos a nivel nacional. Las donaciones alcanzaron a juntar un fondo millonario de indemnización que fue distribuido meses después.
A cada familia le correspondió alrededor de 180 mil dólares, libre de impuestos. No obstante, las heridas quedan sin cerrar.
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