SANTUARIO. Elvira Arellano escucha a activistas que luchaban por la reforma migratoria al lado de una virgen en la Adalberto United Methodist Church donde estuvo refugiada.
El año de los nuevos ciudadanos Millares de residentes permanentes se nacionalizaron y votarán en el 2008
La campaña nacional “Ya es hora” para animar a la ciudadanía y al voto entre la comunidad hispana, se lanzó a finales de 2007 a nivel local en el área metropolitana de Washington. Las organizaciones comunitarias locales partícipes buscan ayudar a los residentes permanentes a convertirse en ciudadanos estadounidenses. El lanzamiento de este esfuerzo llegó en un momento oportuno porque aquéllos que se naturalizan ahora podrán votar en las próximas elecciones presidenciales de 2008. Había preocupación de que el incremento del 69 por ciento en el costo de la aplicación para la ciudadanía, que comenzó en julio, afectara la cantidad de personas que solicitasen, pero el porcentaje de solicitantes continuó a un nivel muy alto sin precedente. Actualmente, más de 950.000 aplicaciones han sido sometidas a la Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (USCIS, por sus siglas en inglés) en 2007 y se espera que más de un millón de personas consigan su ciudadanía. Actualmente hay más de 200,000 residentes permanentes legales en Maryland, Virginia, y Washington, DC que son elegibles para solicitar la ciudadanía. La campaña busca superar los obstáculos que dificultan el proceso de la ciudadanía.
La carencia de una legislación a favor de los indocumentados generó que varios condados promulgaran sus propias leyes
Por Luz Lazo
Especial para el tiempo latino
Por segundo año consecutivo, Washington discutió legislación para reformar el roto sistema de inmigración. Pero otra vez lo hizo sin éxito. El 2007 termina igual que el 2006, sin una reforma migratoria.
Lo que dejó el año fue más bien una serie de duras repercusiones para los inmigrantes documentados e indocumentados.
La falta de acción en Washington provocó que gobiernos locales a nivel nacional, y particularmente en la región metropolitana de Washington, comenzaran a construir sus propias políticas migratorias.
Así, se solidificó un programa que permite a policías locales trabajar de manera conjunta con Inmigración. También se inició una campaña para negar servicios públicos a indocumentados. Y algunos gobiernos lanzaron una iniciativa que permitiría a autoridades locales solicitar documentación a personas por parecer sospechosas de ser indocumentadas.
El condado de Prince William fue el principal promovedor de duras medidas, pero no la única jurisdicción local que se fue contra la comunidad indocumentada. También lo hizo Loudoun, Spotsylvania, y Culpepper, en Virginia, y Frederick en Maryland, entre otros.
Esa revolución se podría decir que inició a principio de año cuando legisladores federales llegaron a Washington con promesas de aprobar una reforma migratoria justa.
Era posible hacerlo en 2007, aseguran activistas, considerando que había por primera vez en años una mayoría demócrata en ambas cámaras legislativas.
El presidente George W. Bush ofrecía también una política favorable. Un plan que abarcaba desde la legalización para la mayoría de los estimados 12 millones de indocumentados hasta la creación de un programa para trabajadores huéspedes.
Pero los 435 miembros de la Cámara de Representantes ni siquiera debatieron un plan concreto. Y el Senado, que el año anterior aprobó un plan moderado, este 2007 abandonó el proyecto antes de llevarlo a pleno. Nunca llegaron a un acuerdo.
Hubo algunos intentos de regresar el tema a la mesa, pero al final quedó atrás. De hecho, muy atrás porque las chances de que Washington vuelva a discutir con éxito una reforma el próximo año son mínimas.
Expertos en ciencias políticas y activistas creen que hasta después de las elecciones presidenciales de 2008 y después de un año de gestión del nuevo presidente, se podría escuchar de reforma migratoria.
Mientras tanto, los gobiernos locales continuaron buscando cómo tratar con el problema. Algunos lo hicieron promulgando leyes antiindocumentados.
Otros llamándose ciudades santuarios para los sin papeles, mientras que el gobierno federal deportó a un mayor número de personas que el año anterior.
Entre los que se resistieron estuvo la mexicana Elvira Arellano. ¿Quién olvidara su nombre? o ¿Quién lo ha de recordar aún?
Fue ella, la mujer que desafió una orden de deportación por más de un año al permanecer en forma de santuario en una iglesia de Chicago. Así se convirtió en el símbolo del sufrimiento inmigrante
A un año de su encierro, en agosto de 2007, anunció que planeaba salir del santuario y llegar a Washington el 12 de septiembre a pedir una reforma migratoria que le permitiese seguir en el país al lado de su hijo de ocho años.
Lo haría dijo, aunque así arriesgara su estadía en el país. Pero sus planes cambiaron cuando salió del santuario. En un viaje a Los Angeles, el 19 de agosto, fue arrestada por agentes de Inmigración. Horas más tarde estaba en su natal México. Dejó atrás a su hijo Saulito, un legado que todavía está por definirse, y una nación que clama aún por una reforma migratoria.
Su deportación significó el fin de una campaña que llamó la atención nacional e internacional y además fue el fin de uno de los operativos modernos de inmigración más controversiales. Pero sobretodo, su captura mostró la realidad del debate migratorio. Ella fue otra indocumentada separada de su hijo estadounidense este año.
Tras su deportación, Arellano dijo que continuaría su lucha. Pero su voz es cada día menos audible en Washington, entre la comunidad inmigrante, y en México.
Ella pudo pasar ya a la historia. Pero podría tener un retorno.
Este mes dijo a periodistas que no descarta la posibilidad de volver para continuar su lucha. Indocumentada.
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