Opinion
Rafael Correa avanza con pies de plomo Ecuador
Por Dina Fernández
Mientras Hugo Chávez se recupera del fracaso de su último intento por convertirse en un autócrata constitucional y Bolivia se debate en un conflicto que amenaza incluso con dividir su territorio, el joven presidente de Ecuador, Rafael Correa, avanza con pies de plomo.
La recién instalada Asamblea Constituyente ecuatoriana está por comenzar a trabajar y 2008 será el año en que el movimiento de Correa, Acuerdo País, que cuenta con una cómoda mayoría en ese foro, plasmará en blanco y negro los nuevos fundamentos legales que regirán al Ecuador.
Los líderes de la derecha ecuatoriana, representados en el Partido Renovador Institucional Acción Nacional, PRIAN, o el Partido Social Cristiano, han advertido varias veces que el proyecto de Correa sigue la misma vertiente centralista y autoritaria que el de Chávez.
Sin embargo, la visión que emana de los organismos internacionales y los círculos académicos de Estados Unidos y Europa, donde Correa tiene aliados, parece más optimista, al menos por ahora. Algunos de los profesores que el presidente ecuatoriano tuvo en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y la Universidad de Illinois, han reiterado que Correa es un tecnócrata que conoce las “realidades” de la economía global.
En los últimos días, ante los tropezones sufridos por Chávez y la crisis política que sacude a Bolivia, el propio el presidente ecuatoriano se ha esforzado por marcar distancias. Antes de las Navidades, declaró que la nueva Constitución no mencionará al “socialismo del siglo XXI” .
“No queremos poner la ideología de un gobierno en la Constitución”, afirmó Correa a la prensa local. “Queremos una Constitución basada en valores universales y derechos humanos”.
A juzgar por los documentos que Acuerdo País ha publicado en su website www.acuerdopais.com para explicar su propuesta de reforma constitucional, resulta difícil predecir qué tan radical será la modificación al marco jurídico ecuatoriano. Las “líneas centrales” que propone Acuerdo País esbozan una lista de buenas intenciones que apuntan hacia la búsqueda de una “tercera vía”. Por ejemplo, afirman no querer “un mercado descarnado que genera procesos de acumulación de riqueza en pocas manos” pero tampoco “un Estado ineficiente, que otorga prebendas y transfiere recursos de todos y todas a los grupos de poder”.
Sin embargo, el texto está lleno de términos capaces de encender señales de alarma, sobre todo por los antecedentes en la región. La forma en que la Asamblea Constituyente defina la propiedad privada, la libertad de expresión y las estructuras encargadas de promover la “democracia participativa” a nivel comunitario, son algunos de los temas que provocarán conflicto de entrada.
El tiempo dirá si la oposición ecuatoriana tiene razón al temer que el proyecto de Correa tenga el sello del chavismo o si el presidente ecuatoriano realmente tendrá la habilidad para encontrar una nueva fórmula que lleve estabilidad y desarrollo al Ecuador.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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