Opinion
El orgullo de ser bilingüe Sociedad
Por Rubén Navarrette
Hubo una escena en un episodio del programa de televisión “American Family” en la cadena PBS, en donde el patriarca interpretado por Edward James Olmos dice que no deberían existir cosas como la educación bilingüe y que aquí, en Estados Unidos, todos deberían hablar inglés. Su amigo está totalmente de acuerdo. Lo que hace que la escena sea cómica es la ironía: ambos hombres están presentando sus argumentos en español (con subtítulos en inglés).La escena es una ingeniosa metáfora de las complicadas opiniones que tienen muchos hispanos sobre la cuestión del idioma. Por ejemplo, hay muchos que se oponen a la educación bilingüe, porque piensan que perjudica a los niños dificultando su aprendizaje del inglés. Sin embargo, en casa, muchos hispanos tienden a alternar, sin esfuerzo, el español y el inglés, y se esfuerzan por asegurar que su hijos sigan hablando español.
No quiere decir que siempre lo logren. El Pew Hispanic Center informó recientemente que mientras la mitad de los hijos adultos de inmigrantes hispanos hablan algo de español en casa, ese porcentaje baja a un cuarto o menos cuando se trata de sus hijos y nietos. Y a pesar del hecho de que muchos hispanos están comprometidos a aprender inglés, a muchos de ellos también les molestan de plano las leyes de “sólo inglés”.
Me parece que eso tiene sentido. Que uno piense que la gente tiene que aprender inglés, no significa que uno crea que el gobierno, o un empleador particular, deba forzar a esa gente a hacer algo bajo presión, amenazas o intimidación.
No se sorprendan si muchos hispanos aplauden la decisión tomada por la Equal Employment Opportunity Commission (Comisión para la igualdad de oportunidades en el empleo) de demandar al Ejército de Salvación porque su tienda de artículos de segunda mano en Framingham, Massachussets, requiriera que sus empleados hablaran sólo inglés en el trabajo. El requisito fue anunciado a los empleados y, aun así, por lo menos dos de ellos, hispanos, continuaron, con actitud desafiante, hablando español en el trabajo. La EEOC determinó que los despidos violaban la ley. Los que defienden el inglés como idioma único, dijeron que la postura de la EEOC violaba el sentido común.
Los críticos están equivocados. No es que un negocio no tenga el derecho de esperar que sus empleados hablen inglés. Lo que no tiene es el derecho de impedir que los trabajadores hablen idiomas que no sean el inglés.
En primer lugar, está la Primera Enmienda. Los tribunales han determinado que los individuos tienen el derecho de conversar entre ellos en cualquiera sea el idioma que les plazca, en la medida en que eso no interfiera con la forma en que realizan su trabajo. Además, los que proponen el inglés como idioma único sostienen que permitir que los empleados se comuniquen en un idioma que otros quizás no comprenden, promueve la división en el trabajo. Pero lo que realmente crea divisiones son las reglas que enfrentan a un grupo contra el otro y hacen que el idioma sea la línea divisoria.
Y realmente no necesitamos más de eso. El debate migratorio ya está fragmentando al país. Ahora el idioma se ha convertido en un sustituto de los extranjeros que nos asustan.
Hace un tiempo, en una biblioteca de Tennessee, una empleada propuso una sesión bilingüe de lectura de cuentos, en la que se pudiera leer libros en español a los niños. Algunos habitantes del pueblo protestaron y exigieron que todos los libros de la biblioteca fueran en inglés.
Lo positivo es que hay gente buena en todo el país. A medida que se difundió la noticia de esa reacción contra el bilingüismo, algunos miembros indignados enviaron cheques a la biblioteca especialmente asignados para comprar libros en español.
Eso es lo que me encanta de la lectura de cuentos. Generalmente hay un final feliz.