POSICIÓN. Jugadores del Barcelona, políticos y hasta Dalí en el pesebre 2007.
El “caganer” catalán y el “nutcracker” de Estados Unidos comparten magia y hechizo en las fiestas
Por Eliseu Oriol Pagés
especial para El Tiempo Latino
En los pesebres de Cataluña,(en España), desde el siglo XVIII, se exhibe una pequeña figura de campesino, medio escondida en algún rincón, haciendo sus necesidades fisiológicas. Es el “caganer”, personaje que simboliza el abono de la tierra, sin el cual ésta no da frutos y al que se le atribuye suerte y alegría para el próximo año. Es la huella humana en una escenificación dirigida a glosar el nacimiento de Jesús en la que se da cabida a un acto tan natural como íntimo.
También es tradición que en Nochebuena, los niños recen oraciones, canten canciones y golpeen con bastones a un leño que, según la tradición, hace “cagar” juguetes y golosinas, como resultado de una ingestión también mágica en semanas previas. Así empieza la Navidad en estas tierras.
Y si la cita del “caganer” con el pesebre anual es sinónimo de buenaventura, también lo es la entrada de “nutcrackers“ en los hogares americanos desde que los soldados estadounidenses que los descubrieron en los mercados al aire libre de Alemania, terminada la II Guerra Mundial, se los llevaron consigo a casa, como figuritas de madera que les ofrecían grandeza y protección. Esa tradición ahora tan estadounidense viene del siglo XVII, cuando los artesanos alemanes, suizos y austriacos, le hicieran un hueco en la tradición popular navideña; buscando cobijo económico invernal ante el cierre, por la nieve, de sus yacimientos mineros.
Tchaikowsky puso a danzar en 1890 y en San Petesburgo, el poema “Nussknacker und Mausekönig” del alemán Ernest Hoffmann, en su “Cascanueces”, con un “nutcracker” ofrecido como regalo a Clara con quien navegaría entre nieves. Hoy el ballet es un fijo en las carteleras de Estados Unidos, desde los años 50.
En Cataluña, los “caganers” adornan la Navidad y han abandonado los lugares escondidos de antaño para lucir su desnudez y heces de barro cocido, tanto en pesebres como en vitrinas.
Como los “nutcrackers”, que aparecieron representando a celebridades, como el emperador Napoleón; en los últimos años, los “caganers” de colección adoptan la caricatura de políticos, reyes, personajes famosos y hasta del propio Papa. Muchos desearían ser escogidos para ser representados en esa posición. Es testimonio de popularidad, un título de simpatía y de arraigo a la tierra.
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