Tras la recolección, el lavado y empacado de cosechas, los campesinos de Colonial Beachcomercializan sus productos en mercados ambulantes en Dale City, McLean, Manassas, Fredericksburg y Annandale, y en menor cantidad, en tiendas de Washington.
Texto y fotos ALFONSO AGUILAR
Para El Tiempo Latino
Por esta época se da la recolección de los pimientos, como lo muestra Gerardo Flores, propietario bajo renta de unas 25 hectáreas.
COLONIAL BEACH, VA. Los desastres causados a las cosechas de cítricos en la Florida entre 1979 y 1981 fueron precisamente la causa de que Javier Medina, el pionero de los campesinos mexicanos en Colonial Beach, haya llegado a este pequeño poblado veraniego, de pequeñas casas victorianas, hace poco más de veinte años. Ya pasaron muchas cosechas y tempestades desde entonces, pero con la misma frescura del campo rememora Javier que los intensos fríos en aquellos campos destruyeron cientos de toneladas de cosechas, en particular la de la naranja, y dejaron sin trabajo a miles de braceros, forzándolos a emigrar a terrenos menos vulnerables a los impredecibles del tiempo.
Campesino nómada en aquel entonces, Javier pensó que su próximo destino sería California, Ohio, Nueva Jersey o Nueva York, cuyos campos y cosechas conocía muy bien porque ya los había trabajado al lado de sus hombres, pues él operaba como campesino contratista, listo a entrarle a cualquier tierra.
Incluso a las desconocidas, como lo serían las de Colonial Beach, que a la sazón terminaron su nomadismo y el de muchos otros campesinos mexicanos, ahora dueños o rentadores de extensos terrenos en este apacible pueblo donde sus hijos ya recorren sus campos y escuelas.
Yo descubrí Colonial Beach, yo fui el descubridor dice Javier con aire bromístico. Hasta una calle lleva el nombre de mi pueblo natal.
¿Y cómo es que se fue quedando si usted era, como los grillos, un saltarín de campos?
Por el desastre en Florida, donde yo producía naranja, y porque aquí el clima se presta para producir muchas frutas, vegetales, hierbas y algunas flores.
Ahora usted siembra de todo, o casi de todo, menos naranja.
Ni naranjas, ni mandarinas, ni zanahorias, porque las mata el frío.
Tampoco aguacates, que sólo se dan en California, y eso en algunos campos. Por eso son muy caros y escasos.
Usted da la impresión de que conoce todas las cosechas habidas y por haber.
Desde los 6 años soy campesino.
¿Siempre le gustó Colonial Beach?
Sí.
Habrá algo que seguramente no le guste.
Los canijos moscos, ay, cómo friegan. Eso es lo peor del campo.
Campesino de toda la vida
Gerardo Ochoa nació en el mismo pueblo que su tío Javier, en Santa Cruz, municipio de Quitupán, en la tierra del mariachi; y es, como el tío, como otros parientes, campesino desde niño.
Usted, Gerardo, también parece conocer todo tipo de siembra, sea de frutas, vegetales, hierbas aromáticas o flores.
Más o menos dice con esa única humildad campesina.
¿Aquí en Colonial Beach qué tanta variedad de productos siembran?
Quizá unos setenta. Tan sólo de chiles tenemos catorce variedades, y unas cinco de tomatillos.
¿Qué siembra le parece complicada?
La calabaza de Halloween toma muchos meses, y si llueve mucho, no se da.
¿Y entre las más fáciles?
La de tomate, chiles, rábanos, cilantro. La flor cordón de obispo también es muy fácil, nomás se siembra la plantita y ahí se queda.
¿Qué es lo más duro en el trabajo del campo? ¿El calor, los mosquitos?
Los excesos de lluvia y las plagas son los enemigos.
¿Qué productos dejan las mejores ganancias?
El tomate y el melón.
En los mercados de Virginia
Las semillas, en su mayoría cultivadas en invernaderos, son compradas en estados como Michigan, Maine, Massachussets, Nueva Jersey, Nueva York y Virginia, y en algunos casos, como en la producción de fresa, se adquieren las matas en Canadá. La recolección, llamada más familiarmente "la pizca", se da regularmente entre los meses de abril y octubre, antes de la llegada del invierno.
En abril o mayo, por ejemplo, se da la fresa y los espárragos; para julio las zarzamoras y los albaricoques y las cerezas y una gran variedad de pimientos y tomates, y ya para agosto, uvas y manzanas, y para octubre la calabaza de Halloween.
Una parte de toda esa gran variedad de productos es para el consumo propio, y el resto es comercializado, sustancialmente, en mercados ambulantes en Dale City, McLean, Manassas, Fredericksburg y Annandale, entre otros, y en menor cantidad en locales establecidos en la propia Virginia y en Washington.
¿Usted cuántos días va al mercado? le pregunto a Julia Medina, oriunda de Sinaloa.
Todos los días.
¿Y usted Verónica?
También.
Al igual que todos los otros campesinos y madres de hogar, Verónica Ochoa, de Jalisco, hace un alto a su rutina con la llegada del invierno. En ese tiempo, entre noviembre y enero, casi febrero, no hay siembras y los mercados cierran, ofreciéndoles un merecido descanso.
¿Qué hacen durante el invierno?
En ese tiempo le jalo con mi familia paxmi tierra-dice Javier-. En este carrito llego en 48 horas.
No parece un auto que dé el aguante hasta Jalisco. ¡Cómo no, si con él voy y vengo cada año! De que jala jala.
¿Y usted qué hace, Gerardo?
También me voy al pueblo, con mi familia.
¿En su propia camioneta?
Claro. A disfrutar la vida.
¿Qué pasa con los otros paisanos? le preguntó ahora a su esposa Verónica.
Lo mismo, sólo que algunos van pax Michoacán, Guerrero, Guanajuato o Sinaloa.
La jornada diaria de los campesinos en Colonial Beach suele empezar a las 5 ó 6 de la mañana, y no son pocos los días que el despertador o los gallos (unas preciosas especies que parecen de palenque) llaman al trabajo a las 4 de la mañana, de modo que a la par con el alba ya estén instalados en sus mercados, que ellos y ellas llaman "Merkatos".
Por el gran volumen de mercancías y las muchas millas que recorren para llegar a sus muchos mercados, suelen acudir en familia, con excepción de los pequeños que toman el camino hacia sus escuelitas. Todos los niños y niñas, sin excepción, acuden a la escuela, dicen con orgullo sus padres y parientes, y aunque no lo dicen, admira constatar que todos estos chiquitines hablan español e inglés con toda naturalidad, y cuando lo hacen en nuestro idioma incluso distinguen el tú del usted, pero les gusta más el tú.
Ni se te ocurra pensar que te vas a llevar uno de mis gatitos me advierte Perla del Mar al observar que este visitante y otros descubrimos cuatro gatitos calico en la escalera de un anexo de su casa.
Te lo voy a cuidar muy bien.
Te dije que no reitera con firmeza, y entre sus delgaditos brazos los acurruca, los lleva a algún lugar secreto de la casita y, al salir, se cerciora de haber dejado bien cerrada la puerta.
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