Para Saca, “la mano dura es historia”
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Charles Dharapak/AP
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| ANTONIO SACA. El presidente salvadoreño dice que en operativos con EE.UU. se atraparon a 7 mil mareros. |
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Apostando a la economía
Saca dice que el crecimiento económico también reducirá la violencia:
Antonio Saca dice que El Salvador es algo más que maras y violencia. “Hemos crecido un 5 por ciento y se redujo un 20 por ciento la pobreza, y no porque yo fuera un mago”, asegura.
También dice que el país tiene la más baja deuda externa de Latinoamérica y este año el desempleo se mantuvo en un 7 por ciento. Pero aceptó que en El Salvador existe un alto porcentaje de subempleados.
El presidente asegura que una de las patas de este crecimiento económico es la vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Una de las áreas más exitosas del acuerdo comercial ha sido la exportación a Estados Unidos de productos nostálgicos.
Saca dice que este año se ha recibido menos dinero de las remesas y lo adjudica a la tensión migratoria en EE.UU.
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El presidente de El Salvador dijo en DC que su lucha contra las pandillas es exitosa
Por Alberto Avendaño
y Paula Andaló
El Tiempo Latino
No es descabellado decir que el presidente Antonio Saca se siente como en casa en Washington, DC. Es que el mandatario salvadoreño ha visitado tantas veces esta capital, que definitivamente no es un invitado más.
Los temas que trae en su agenda, aunque variados, se centran siempre en dos puntos: el TPS para sus compatriotas que viven en el país y la seguridad, un tema compartido por ambos gobiernos a partir de la explosión del fenómeno transnacional pandillero, con ejemplos como la sangrienta Mara Salvatrucha o MS-13.
Sobre lo primero, el objetivo de este último viaje fue bien claro: intentar que el presidente George W. Bush prolongue ese estatus de protección temporal para más de 200 mil salvadoreños antes que deje la Casa Blanca el año que viene. La última extensión otorgada por Bush vence el 9 de marzo de 2009. Saca repitió lo que Bush siempre le reitera: El Salvador es una prioridad para la actual presidencia estadounidense. Y el TPS es parte del paquete.
Sobre lo segundo el tema de la seguridad y la violencia se centró esta charla, que se llevó a cabo en una de las salas de conferencia del edificio de The Washington Post, el jueves 29 de noviembre.
“Hemos logrado reducir el crimen pandillero, disminuyeron los secuestros, las extorsiones, la incidencia de las maras en las muertes violentas”, definió Saca. “Se acabaron las luchas por las jefaturas de las pandillas porque los líderes están en la cárcel”.
Y agrega que, para que los cabecillas no sigan dirigiendo el crimen tras las rejas, se los coloca en pabellones distintos.
Sin embargo, los números del crimen en El Salvador siguen siendo, por lo menos, alarmantes: en lo que va del año hay un registro oficial de 2.600 muertes violentas. Un 25 por ciento corresponde a actividad pandillera; el resto: desde las peleas callejeras sin tatuajes hasta la violencia doméstica.
Frente a estas cifras, Saca parece apostar por la ampliación del sistema carcelario como base para depurar el crimen.
“Tenemos cuatro nuevas cárceles. Tres nuevos programas de prevención”, apunta y enfatiza la alianza para la prevención con iglesias y grupos comunitarios de base. Incide el presidente salvadoreño en que es injusto que se exagere la imagen violenta de su país: de 262 municipios, la violencia pandillera se concentra en 15, señala.
En su visita del jueves 6 al presidente Bush, Saca le dijo a su amigo de la Casa Blanca que la asignación de $50 millones anuales contemplada en el Plan Mérida de lucha contra las drogas y el crimen organizado “es muy poca plata”. Pero añadió que los gobiernos “debemos hacer nuestro propio esfuerzo”. Y, predicando con el ejemplo, Saca dijo que se invertirán $150 millones en los 20 meses que le queda a su gobierno para la construcción carcelaria y la dotación de mejor tecnología para las fuerzas de seguridad.
Saca admite que la criminalidad interna también se ve alimentada por los deportados que envía Estados Unidos con antecedentes penales que no pueden ser detenidos en El Salvador porque no cometieron delitos allí.
En lo que va del año se han registrado 3.700 deportaciones de personas con causas criminales.
“Y, lamentablemente, muchos reinciden cuando regresan”, explica René Figueroa, ministro de Seguridad, quien formó parte de la comitiva presidencial. “Por eso lo que hacemos es registrar a la persona con antecedentes en cuanto ingresa al país, y realizamos un monitoreo de sus actividades”.
Sobre la metodología, Saca es claro: “a aquéllos que cometen delitos hay que sacarlos de las calles. Hay gente que es irrecuperable”.
Y aunque dice que “la mano dura es historia”, también afirma que existe especialmente en el momento de las detenciones.
En esta lucha, iniciativas como el Centro Transnacional de Pandillas en colaboración con el FBI da resultados. “Hace cuatro semanas hicimos un operativo conjunto en San Salvador y en Los Angeles”, cuenta. “En estos operativos hemos capturado a 7 mil mareros”.
Pocos todavía pueden explicar el por qué de tanta violencia. El por qué de tener un San Salvador en donde se respiran armas hasta en la puerta de los comercios.
El mandatario utiliza el argumento que ya casi es una muletilla: “tuvimos una guerra civil en la que murieron 70 mil personas”.
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