La Esquina Sobre boicots, marchas y resultados El derecho a protestar es sagrado. Defenderse ante la agresión es más que un legítimo instinto humano. Es un derecho civil. Cuando se intentan aprobar normativas a nivel local, de condado, que ofenden a toda una comunidad y pondrían contra las cuerdas del desamparo a sectores vulnerables de nuestra sociedad, hay que alzar la voz. La Junta de Supervisores de Prince William votó, el martes 10 de julio, en forma unánime a favor de una resolución para privar de servicios a personas que no puedan probar su estatus migratorio, al tiempo que le daría a la policía poderes para detener indocumentados. Entonces la comunidad latina protagonizó una alta asistencia a la reunión del condado unas 300 personas se concentraron dentro y fuera del edificio. Luego, tal y como el temor creció en el seno de esta comunidad, la organización Mexicanos Sin Fronteras llegó a concentrar a más de 1.000 personas en sus asambleas. Hoy cuentan con 300 voluntarios que en estos días llamaron al boicot económico en Prince William.
Dos voces. La campaña que se inició el 27 de agosto culminará el 3 de septiembre en su primera fase alcanzando su climax con una concentración, el domingo 2 a las 3 pm ante el McCoart Administration Building, en Woodbridge. La inciativa, apoyada por CASA de Maryland, pidió el boicot a los negocios de Prince William excepto a los que son propiedad de inmigrantes. En paralelo, surgió la voz de un sector del empresariado latino de Virginia que busca crear un movimiento de cabildeo político que frene o reduzca la intensidad de los ataques contra la comunidad latina, disfrazados de regulaciones locales.
Un objetivo. El boicot, las marchas y las concentraciones son un derecho amparado por la Constitucion de este país. Nada nuevo. Pero hay algo distinto en este escenario del desespero: junto a la reacción desesperada en la calle, aparece la voz no menos ruidosa de un empresariado que se reconoce en los rostros de muchos indocumentados. Cuando se ataca a los inmigrantes, no se menoscaba sólo al cliente de las empresas hispanas; se ofende también la historia de éxito que representan muchos hombres de negocios latinos que viven en el área metropolitana. Eso quedó claro, el martes 28, durante una reunión en el restaurante Cerro Grande en el Springfield Mall. Se está construyendo un discurso social paralelo, democráticamente saludable: los trabajadores maduran el nivel de conciencia en la nueva sociedad en la que se insertan y los empresarios descubren que tienen un puesto de privilegio para presionar a quienes toman decisiones a nivel de gobierno. El objetivo común es tan sólido como múltiple: destruir el estereotipo de una comunidad inmigrante latina fácil de arrinconar, construir la imagen positiva de quien vive y trabaja entre nosotros que el gobierno federal asuma responsabilidades en lo laboral y migratorio, así como educar e influir a los políticos. Estamos creando espacios de poder. Enhorabuena.
Alberto Avendaño
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