Aseguran que los cadáveres no son foco de epidemias
VÍCTIMAS. Cuerpos de habitantes de Ica, en Perú, son colocados en la plaza para identificación.
Luego del terremoto en Perú, especialistas vuelven a desterrar el mito de que los cuerpos muertos transmiten enfermedad
Paula Andaló
El Tiempo Latino
La escena es muy común y aparece en televisión cada vez que ocurre una catástrofe natural. El reportero, muy serio, mira a cámara y dice: “buscan deshacerse de los cadáveres para evitar epidemias”. Esta frase se volvió a escuchar luego del terremoto que sacudió parte de Perú, aunque se trata de una afirmación alejada científicamente de la realidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha intentado desterrar este mito perdurable por décadas. “Los microorganismos que generan la descomposición no son del mismo tipo de los que causan enfermedad”, explica Oliver Morgan, epidemiólogo ambiental de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.
“Además, la mayoría de los virus y bacterias agentes de enfermedades no viven mucho tiempo en un cadáver. El VIH es la única excepción: puede sobrevivir hasta 16 días, pero sólo si el cuerpo se mantiene refrigerado”, agrega.
Este error a repetición, afirman los expertos, lo único que logra es entorpecer los esfuerzos por mitigar las consecuencias de un desastre. Según cuenta Donna Eberwine en la revista “Perspectivas de Salud”, en la India, después del terremoto de 2001 que cobró la vida de 100 mil personas, se utilizó tal cantidad de madera para incinerar los cuerpos que los sobrevivientes tuvieron problemas para conseguir combustible para cocinar y calentarse.
“En una catástrofe las personas mueren por traumatismos, ahogamiento o quemaduras. Al morir no padecen enfermedades que causan epidemias como el cólera, la fiebre tifoidea o la malaria”, remarca Jean Luc Poncelet, experto en Desastres de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Y enfatiza que la tarea más importante después de una catástrofe es asistir a los sobrevivientes y garantizar el suministro de agua potable para proteger a la población del riesgo de epidemias.
La compulsión a deshacerse de los cadáveres, además de ser un error táctico, según explica Morgan, genera problemas sociales y hasta legales. “Los cuerpos deben conservarse en contenedores o en fosas temporales pero previamente deben ser identificados a través de la toma de huellas dactilares y carteles con el nombre de la víctima”.
Así, el familiar puede recobrar más tarde el cuerpo del ser querido, darle sepultura de acuerdo a sus costumbres y también registrarlo como muerto con fines legales.
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