La Esquina
Carta a un enemigo de esta columna Mi querido enemigo: pensaba que los mensajes hostiles, anónimos y amenazantes se habían terminado. Pero no. El lunes 20, escuché su voz grabada en la centralita de este periódico. Le agradezco su atención a esta columna. Le agradezco su opinión y su desacuerdo. Pero más le agradecería que, ejerciendo el sagrado derecho a la libertad de expresión, enviase una carta o una opinión firmada. Otros lo han hecho, entre ellos, un alto cargo del grupo Minuteman. Su voz es tan valiosa como la mía. Su rechazo al inmigrante indocumentado que nunca compartiré es tan respetable, como mi solidaridad con aquellos que viven y trabajan entre nosotros, sin papeles, para las empresas estadounidenses. Pero no ponga palabras en mi boca: no defiendo a criminales ni a quienes muerden la mano que les ofrece el pan.
El mensaje. Usted dice: “Señor Avendaño: un grupo de amigos y yo estábamos hablando que sería magnífico poder averiguar dónde usted vive y prepararnos unos letreros y meternos en su casa‚sin permiso suyo, claro y que los letreros digan: ‘Aquí estamos y no nos vamos’. Yo creo que usted no nos va a botar de su casa con esos letreros porque eso es lo que usted dice. Claro que esto no lo vamos a hacer porque no somos descarados para llegar a un lugar donde no nos invitan, donde estamos completamente ilegales y quedarnos contra la opinión de sus dueños... Y el periódico del 3 de agosto donde usted sueña con ver a los inmigrantes gritar ‘¡Legales al fin, legales al fin, legales al fin...!’ Búsquese una buena silla para estar bien cómodo porque no va a pasar. Se muere y no lo va a ver. Pero por lo menos no se va a cansar”.
El Tema. Es difícil el tema migratroio cuando se observa o se reacciona desde el aislacionismo y desde el rechazo irracional hacia el otro. El inmigrante indocumentado es parte de la realidad demográfica y económica de Estados Unidos. Los que llegan traen con ellos dramáticas historias humanas y entregan positivos resultados a la economía local y nacional. Esto no lo digo yo. Los datos en que me baso son oficiales. La función de nuestro gobierno y de nuestra sociedad es manejar, controlar e integrar esa realidad para que se compartan beneficios y obligaciones. La realidad migratoria indocumentada que yo conozco con nombres y con rostros no es criminal ni terrorista, no es ladrona ni usurpadora. Es generosa y trabajadora. Hay muchos políticos en este país que lo saben y lo reconocen. Por desgracia y por ahora, la agenda inclusiva, compasiva y pragmática (es decir, egoista, práctica y realista) no triunfa en este país. Pero no nos confundamos mi querido enemigo, la agenda pro inmigrante (indocumentados incluidos) es humanista y hasta conservadora, pro negocios, ya que pone el interés económico al servicio de los trabajadores necesitados. Por eso es absurdo escuchar voces conservadoras pedir deportaciones masivas y leyes que rompen el futuro crecimiento del país. Se puede construir sin destruir.
alberto avendaño
alberto@eltiempolatino.com
2200 Wilson Blvd., Suite 201, Arlington, VA 22201
Tel: 703.527.7860 FAX: 703.527.0369