La Esquina
Juntos, pero no revueltos, en la lucha migratoria El lunes, 13 de agosto, se presentaron ante la opinión pública dos grupos cívicos y empresariales con posiciones opuestas en la manera de responder a la actual presión contra la comunidad inmigrante que se desprende de las regulaciones recientemente aprobadas por el condado de Prince William, en el Norte de Virginia. En un local de un centro comercial de Woodbridge, tuvo lugar una reunión de unos 15 dueños de negocios organizados por Mexicanos Sin Fronteras en la que se dejó clara una postura activista contra el condado que incluirá acciones de boicot y marchas solidarias. Al mismo tiempo, en un restaurante cerca de Manassas, un pequeño grupo de hombres de negocios dio a conocer la formación de una coalición empresarial para cabildear con el establecimiento político del condado.
Acciones. Es una buena noticia ver que la acción desbocada del politiqueo de Prince William genera reacción en la comunidad latina. No vamos a valorar aquí y ahora si el activismo, el boicot y el ruido callejero tienen más peso que la función que cumple el cabildeo en todo movimiento social, ambas suelen ser sincrónicas y, en muchas ocasiones, se complementan. Pero éste no es el caso de lo que está pasando a raíz de que la Junta de Supervisores del condado virginiano decidieran aprobar una resolución todavía por concretarse en sus detalles que negaría servicios sociales a los inmigrantes indocumentados y estrecharía los chequeos policiales y residenciales. Por de pronto, éste es el mensaje del grupo reunido en Woodbridge: movilización y caravanas de familias de Prince William para “reforzar la solidaridad y la unificacion de la comunidad inmigrante”.
¿Unidad?. Esa es la pregunta que muchos se hacen al ver, leer y escuchar al liderazgo empresarial y activista tirar por derroteros opuestos. Ante las propuestas movilizaciones de Mexicanos Sin Fronteras que incluirían boicots a negocios, el grupo de empresarios reunidos en Manassas ofrece poner en marcha una maquinaria económica que permita presionar a quienes toman decisiones en la política local, estatal y hasta federal. Ambos grupos buscan contrarrestar la ola de hostilidad innecesaria que provocan ciertas políticas y ciertos políticos. Pero no se encuentran en las formas. No hay unidad. Hay dos reacciones. Dejemos que el tiempo y la propia dinámica de los acontecimientos ponga nombre, rostro y hechos a unas iniciativas que sólo hablan de una comunidad inmigrante que se despierta, activa, preparada para hacerse oir donde hasta ahora sólo había trabajo y sudor. No es el momento de ver fantasmas donde no los hay, ni de crear enemigos entre quienes tal vez sean compañeros de viaje ocupando asientos y vagones diferentes. Que se calmen las voces de la tensión y del insulto. Que surja el respeto, en el mercado libre de las ideas, a las opiniones de los demás, a las prioridades de los demás, a las organizaciones del otro. Habrá tiempo para ver lo que cada uno consigue para el bien de todos.