DOS. Elvira Arellano con la activista Dolores Huerta en 2006, en conferencia de prensa en Chicago.
La activista anunció que el 12 de septiembre viajará a Washington para seguir abogando por una reforma
Por Luz Lazo
El Tiempo Latino
Ya pasó un año y Elvira Arellano sigue encerrada en una pequeña iglesia de Chicago. Seguirá así pocos días más, dijo esta semana.
El próximo mes dejará el santuario en el que entró el 15 de agosto de 2006 para ir a Washington a cabildear por una reforma migratoria.
La mujer de origen mexicano entró a la Iglesia Metodista Unida Adalberto, en el noroeste de esa ciudad de Illinois, para desafiar una orden de deportación.
Saulito, su hijo de ocho años es la razón por la cual ella insiste en quedarse en este país, dijo. Pero añadió que por la causa inmigrante saldrá el próximo 12 de septiembre aunque así se arriesgue a que la arresten.
Saúl es ciudadano estadounidense por nacimiento. Ella es indocumentada desde que llegó de Curahuango, México, hace más de diez años. En 2002, Arellano, de 32 años, fue detenida por las autoridades de inmigración. Entonces logró quedarse gracias a la intervención de políticos, pero en 2006 su expulsión era casi inevitable.
Para esa fecha, ya era una conocida activista en la comunidad hispana de Chicago y había participado en la lucha por una reforma migratoria durante aquella primavera en la cual se alzó un impactante movimiento inmigrante en las calles del país. En lugar de resignarse a la repatriación o esconderse en otra ciudad, Arellano evitó la deportación refugiándose en su iglesia.
“Mi vida ha cambiado”, contó desde su pequeño apartamento arriba del santuario. “No es fácil estar aquí, pero yo voy a seguir luchando porque esta no es la lucha de Elvira, es la lucha de millones de indocumentados ”.
En el último año, Arellano ha realizado decenas de ruedas de prensa desde la Iglesia, ha llamado a congresistas y a la Casa Blanca para insistir por una reforma migratoria, y ha organizado cabildeos y manifestaciones.
Pero pareciera que el Gobierno ha ignorado su plegaria y la de los estimados 12 millones de indocumentados en el país. En junio, el Senado no aprobó un proyecto amplio de inmigración, que hubiese legalizado a millones y así minimizó la posibilidad de que se apruebe una reforma este año. A la vez, el Gobierno ha aumentado las redadas contra indocumentados y ha alzado las multas para quienes contratan a trabajadores sin papeles.
Pero la determinación de Arellano, que la ha convertido en un símbolo de la lucha inmigrante, ha inspirado a otras personas a desafiar de la misma forma a las autoridades federales. Alrededor del país, gobiernos locales han declarado “Ciudades Santuarios” para proteger a indocumentados. En junio, un grupo de líderes religiosos comenzaron un nuevo movimiento de santuario para albergar a inmigrantes en iglesias alrededor del país.
Las autoridades no arrestan en terrenos de iglesias a no ser que haya vidas en peligro.
Arellano cree que la lucha no está totalmente perdida este año. De hecho, no descarta la posibilidad de que este Congreso llegue a un acuerdo. Expertos, sin embargo, aseguran que una reforma no se dará hasta después de las elecciones de 2008.
“No podemos quedarnos cruzados de brazos y esperando que entre el nuevo presidente. Este gobierno tiene que aprobar una ley que proteja a nuestras familias”, reclama.
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