EMPRESARIO. Omar Estrada, de 24 años, en su taller de bicicletas en el noroeste de Washington.
Desde la secundaria, Omar Estrada se dedica a reparar bicicletas. Ahora tiene su taller en DC
Por Luz Lazo
El Tiempo Latino
En una pequeña esquina de un puesto de videos de la calle 14, Omar Estrada se dedica a lo que más le apasiona: la reparación de bicicletas.
“Esto es un arte”, dijo el joven de 24 años mientras con rapidez le daba vueltas a la llanta de una bicicleta. “A la vez es un ambiente de trabajo muy divertido”.
Estrada viene desarrollando su interés en el ciclismo desde sus días en la escuela secundaria Bell Multicultural en el noroeste de Washington.
Entonces, a los 16 años, comenzó a trabajar en varios talleres de la ciudad y encontró una pasión por el deporte y por armar y desarmar las partes de la bicicleta.
“Al principio era una forma de atraer dinero a mi bolsillo, pero ahora trabajo en esto porque me gusta”, dijo Estrada, de madre peruana y padre guatemalteco.
El mes pasado, él y dos de sus amigos Carlos Galloway y Jimmy Talley, ambos de 23 años abrieron 14th Street Bicycle Repair, un pequeño negocio de reparación de bicicletas localizado en el 1320 de la Calle 14 en el noroeste de la ciudad.
Los tres habían trabajado juntos anteriormente en varios talleres del Distrito, y siempre pensaron en establecer su propio negocio, pero desconocían la manera de hacerlo, dijeron.
“La competencia es muy fuerte”, afirmó Estrada. De hecho, DC tiene talleres de bicicletas por todos lados y algunos están muy bien establecidos y son populares en la comunidad.
Charles Roberts, es el dueño de la tienda de videos en donde ahora también está la reparación de bicicletas.
“Cuando yo era un niño recuerdo que pasaba mucho tiempo en un taller de bicicletas y siempre quise tener uno. Ahora, que tenía este espacio en la tienda, pensé que sería divertido finalmente tener el taller”, contó Roberts.
Él les cede el espacio a Estrada y a sus socios. Los jóvenes, mientras, se encargan de atender a los clientes y reparar las bicicletas que les llegan.
“Hay bicicletas de 2 mil dólares y otras de $50”, explicó Estrada. “Pero a todas las tratamos con el mismo cuidado porque sabemos que son importantes para los dueños”, añadió.
El sábado 11, un cliente llegó con un problema de freno. No era un caso grande. Pero el dueño estaba tan preocupado por su bici que temía hasta dejarla ahí por algunas horas mientras hacían la reparación.
“Es que la bicicleta es parte de uno”, contó Estrada. “Yo lo entiendo, porque se convierte en una pasión. Cuando manejas una bici, no tienes tiempo de pensar en los problemas, vas en lo que vas, y disfrutas del ambiente”.
Omar, igual que sus compañeros de trabajo, ama su bicicleta. Todos los días viaja a su trabajo en ella y dice que la usa para su conveniencia como un medio de transporte confiable.
“Es más barato, en especial ahora con los precios de la gasolina tan altos, y no tengo que preocuparme por encontrar un estacionamiento”, contó.
En los últimos cuatro años desde que se graduó de Bell, Estrada ha trabajado como mecánico para poder financiar sus estudios universitarios.
Y actualmente está a punto de graduarse con un título de diseño gráfico.
Y ahora su principal meta es graduarse en la universidad, pero a la vez, dice, desea crecer profesionalmente en su taller.
“Si no funciona, voy a decir que por lo menos lo intenté”, dijo.
En el futuro piensa comenzar clases de reparación y enseñarle a otros jóvenes el amor y el beneficio de este trabajo.
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