EN FAMILIA. El dueño de El Pollo Rico de Wheaton, Francisco Carlos Solano (atrás), y su hijo Juan Carlos, atienden a los clientes el lunes 6.
Los dueños del restaurante de Wheaton fueron acusados de lavar dinero y contratar a inmigrantes sin papeles
Por Luz Lazo
El Tiempo Latino
Eran las 10:30 a.m. y una docena de clientes esperaban ansiosos por entrar a comprar el jugoso pollo con papas fritas y ensalada.
“¿A qué horas van a abrir?”, preguntó Edwin Rivera metiendo la cabeza en la puerta entreabierta de la pollería peruana El Pollo Rico de Wheaton, Maryland. Aún no habían llegado las papas, así que abrirían en 15 minutos, le contestaron.
Daniel Correa se mostró aún más impaciente. “¿Y entonces, van a abrir o no van a abrir?”, dijo en voz alta desde la calle. Ese lunes 6, se había levantado en la madrugada para ir a trabajar en la construcción y cuando escuchó que El Pollo Rico abriría, decidió ir temprano a buscar ahí su almuerzo. “¡Si no quiero papas, lo que quiero es pollo!”, gritó.
La popular pollería abrió tres semanas después de haber sido escenario de un notorio operativo federal. El 12 de julio las autoridades allanaron el pequeño restaurante y arrestaron a los dueños y a nueve empleados indocumentados.
El Gobierno acusó a los patrones de contratar y albergar a indocumentados, de lavado de dinero, y de estructurar depósitos bancarios para evadir obligaciones tributarias.
El 30 de julio, un jurado federal en Maryland presentó la acusación oficial en contra de los cuatro dueños: Francisco Carlos Solano, de 55 años; su esposa Inés Solano, de 59, residentes de Germantown; y los hermanos de Francisco Solano, Consuelo Solano, de 69, y de Arlington; y Juan Faustino Solano, de 57, de Kensington. Los cuatro pagaron una fianza de medio millón de dólares cada uno para permanecer libres.
Desde entonces, los Solano y sus abogados han estado negociando con el Gobierno la reapertura, y buscando nuevos empleados con documentos. Pero el lunes 6, eran los dueños, sus hijos y otros parientes, los que estaban al frente del negocio.
La reapertura fue tan exitosa que a la hora del almuerzo la fila de clientes se extendía hasta afuera del pequeño local en la Avenida Ennalls.
Carlos Solano dijo a El Tiempo Latino que estaba alegre de haber abierto y de tener trabajo nuevamente.
También expresó satisfacción por el apoyo incondicional de su clientela que, mientras les servía el pollo y los atendía, lo bendecían y le deseaban suerte. “A mí no me importa lo que hayan hecho”, dijo Rivera, refiriéndose a los dueños del restaurante. “Lo bueno es que ya abrieron. Yo lo que quiero es comer”, sonrió.
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