HISTÓRICOS. Tony Gwynn (izq.) y Cal Ripken Jr. posan con sus placas que los acreditan como nuevos miembros del Salón de la Fama del Béisbol.
Ingresan al Salón de la Fama enfrente de una audiencia sin precedentes de más de 75 mil personas
Por Miguel Guilarte
Enviado especial
COOPERSTOWN, NY. La mañana del 29 de julio amaneció nublada en esta histórica ciudad del estado de Nueva York, y los organizadores hicieron cambios en el protocolo de la ceremonia de inducción de Cal Ripken Jr. y Tony Gwynn al Salón de la Fama del Béisbol por las amenazas de rayos y tormentas.
Pero sólo bastó con que comenzaran a aparecer en el escenario 53 de los miembros vivientes del llamado Templo de los Inmortales para que el cielo se despejara y un sol radiante iluminara el Clark Sport Center, donde más de 75 mil almas esperaban la salida de otras dos estrellas.
Cal Ripken Jr. “El Hombre de Hierro” y “Mr. Padre” Tony Gwynn, dos de las más grandes luminarias que hayan pasado por los diamantes de las Grandes Ligas en las últimas décadas, fueron sentados a la diestra de los mejores peloteros en la historia de las Ligas Mayores de Béisbol.
Ripken Jr., ex campocorto y antesalista de los Orioles de Baltimore por 21 años y Tony Gwynn, un temible bateador de los Padres de San Diego que atemorizó a los lanzadores de la Liga Nacional por dos décadas, ingresaron juntos al Salón de la Fama después de jugar todas sus carreras con el mismo equipo.
Gwynn finalizó su carrera con un promedio vitalicio de .338; conectó 3.141 indiscutibles, 543 de ellos dobles y 85 triples; anotó 1.383 carreras, impulsó 1.138, se robó 319 bases y recibió 790 boletos en 2.440 juegos. Tony se ponchó sólo 434 veces en 10.232 apariciones en el plato, turnos en los que conectó más de 200 hits en cinco temporadas, liderando la Liga Nacional en ese departamento en siete oportunidades. Además conectó para .371 en las dos series mundiales en que participó y ganó ocho títulos de bateo de la Liga Nacional.
“Agradezco a todos por estar aquí, especialmente a los aficionados que vinieron desde San Diego para formar parte de esta multitud, la mayor en la historia del Salón de la Fama”, dijo Gwynn al iniciar su discurso, instantes después de que su hija Anisha Gwynn interpretara los himnos nacionales de Canadá y Estados Unidos.
Entre los 53 miembros del Salón de la Fama que se encontraban en Cooperstown estaban el dominicano Juan Marichal, el venezolano Luis Aparicio, el cubano Tony Pérez, el puertorriqueño Orlando Cepeda y el panameño Rod Carew, ganador de siete títulos de bateo en Grandes Ligas, uno menos que Gwynn, quien le agradeció en su discurso por haberle ayudado.
“Una de las cosas que uno tiene que hacer para triunfar en este deporte es preguntar y yo lo hice con varios peloteros entre ellos Rod Carew, Steve Garvey y Dwyde Boggs”, agregó Gwynn, quien participó en 15 Juegos de Estrellas.
“No creo Rod (Carew) que ninguno de estos jugadores hayan escuchado tus consejos más que lo que lo hice yo”, expresó Gwynn al panameño.
“Mi papá siempre hablaba de Ted Williams y Jackie Robinson y yo trataba de asimilar lo que me explicaba”, recordó el ex bateador. “A él (su padre) le hubiera gustado mucho estar hoy aquí”, expresó Gwynn sobre su difunto padre Charles Gwynn.
Finalizado el discurso de Gwynn, el color naranja de los Orioles, dominaba entre las decenas de miles de aficionados que llegaron desde Baltimore para ver alcanzar la inmortalidad a uno de sus más grandes ídolos de todos los tiempos.
“Este día no debería ser todo sobre nosotros. Hoy es un día para celebrar lo bueno que ha sido el béisbol y lo mejor que puede llegar a ser. Este es un símbolo de que el béisbol está vivo, que es popular”, dijo Cal Ripken al iniciar su intervención.
Ripken Jr. será siempre recordado por su hazaña de jugar 2.632 juegos en forma consecutiva y batir la marca histórica de 2.130 que estuvo en poder de Lou Gehrig por 46 años.
Calvin Edwin Ripken Jr. hizo mucho más. Además de jugar en cada uno de los juegos de los Orioles de Baltimore por 16 temporadas entre el 9 de mayo de 1982 y el 20 de septiembre de 1998, Ripken conectó 3.184 hits, incluyendo dos campañas con más de 200, despachó 431 vuelacercas, 345 de ellos como campocorto, un récord para esa época.
“Creo que los aficionados se sienten lo suficientemente cómodos con nosotros, ellos confían en nosotros y en cómo jugamos béisbol, especialmente en esta era de negatividad. Creo que no hay ninguna duda sobre eso”, sentenció el “Hombre de Hierro”.
Durante doce temporadas, Ripken bateó un mínimo de 20 jonrones, acumuló 603 dobles y 1695 carreras impulsadas, y promedió .336 en seis series de juegos postemporadas. Su habilidad en la caja de bateo le permitió concluir su carrera con .276 de promedio, producto de 3.184 hits en 11.561 veces al bate, siempre apoyado por los aficionados de Baltimore que viajaron en masas a Cooperstown. “Siempre fui un mejor jugador porque era parte de la organización de los Orioles”, dijo Ripken.
“Gracias a todos los aficionados del béisbol y principalmente a la gente de Baltimore que estuvo con migo en todos mis éxitos y también cuando las cosas no estaban saliendo muy bien”, expresó Ripken Jr.
Entre los miembros del Salón de la Fama presentes en la ceremonia se encontraban los ex orioles Brooks Robinson, Frank Robinson, Earl Weaver, Eddie Murray y Jim Palmer. “Gracias a todos por las enseñanzas sobre este juego”, dijo Ripken Jr, cuyo padre, Cal Ripken Sr., fue coach y manager de los Orioles.
“Imaginen lo afortunado que fui en llamar a ese señor profesor, entrenador, manager y especialmente padre. Él fue para mí y muchos otros un ejemplo de cómo jugar y prepararse para el juego de la manera correcta, la manera de Cal Sr.”, dijo Ripken al evocar a su papá.
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