NATIVOS. Música y bailes autóctonos durante el carnaval garífuna realizado en La Ceiba en abril.
La comunidad honra los 211 años de su llegada a la isla de Roatán y reclama la atención del gobierno
Por Alfonso Aguilar y Roland Roebuck
Especial para el Tiempo Latino
La CeibaLas comunidades garífunas de Honduras celebraron en abril el Mes de la Herencia Africana con actos cívicos, culturales y políticos para honrar sus raíces africanas, y demandar más atención a sus necesidades.
La historia de estas comunidades comenzó en 1797, cuando los ingleses expulsaron a un numeroso grupo de africanos de la isla caribeña de San Vicente. Los expulsados llegaron a la costa norte de Honduras, especialmente a la isla de Roatán donde comenzaron su proceso de superviviencia en ese nuevo territorio.
Los garífunas desarrollaron su agricultura basada en el cultivo del banano, revivieron tradiciones africanas, promovieron el sincretismo religioso y crearon su propia lengua. Los primeros africanos llegados a estas tierras en calidad de esclavos convivieron y se interrelacionaron con los indios arawakos, y se vieron influidos por los colonizadores franceses, ingleses y españoles.
Uno de los retos que confronta esta comunidad es asegurar que la lengua garífuna no se pierda y que los sistemas escolares la promuevan.
Durante las celebraciones de abril hubo seminarios culturales, reuniones de líderes Garífunas, exibiciones, bailes, y varios desfiles semejantes a los de carnaval, donde numerosas comunidades marcharon en La Ceiba.
Las mujeres cantaban en garífuna, mientras los hombres y jóvenes tocaban tambores y maracas, y zumbaban caracoles.
Un gran número de niños también participó en las festividades, sobre todo en las actividades musicales, para asegurar la continuidad de estas tradiciones entre las nuevas generaciones.
El desfile principal se caracterizó por las coloridas vestimentas, y por la participación de casi todas las regiones de las comunidades garífunas.
Visitantes garífunas de New York, Texas, New Orleans y Chicago se unieron a las celebraciones. El Ballet Garífunas Nacional de Honduras también formó parte de los festejos, detallando bailes y cantos.
Después del desfile se presentaron varios grupos musicales, tocando música de “punta”, “parranda”, “yankunú” y “gunchey”. La participacion fue masiva: Garífunas, indios, criollos, blancos, turistas, todos disfrutaron de los eventos.
Se notaba en esta región la relajada actitud de integración racial en todos los aspectos de la vida social y cultural.
La Organizacion de Desarrollo Etnico Comunitario jugó un importante papel en la coordinación de las actividades.
Su presidente, Céleo Alvarez Casildo expresó la importancia de que se extienda la valoración de la cultura Garífuna en Estados Unidos, y agradeció los esfuerzos que hacen a este respecto organizaciones como “Fiesta DC” en Washington.
En las comunidades garífunas de Honduras, como Sambo Creek y Corozal, la mayoría de los entrevistados y hasta niños de 8 a 12 años, manifestaron su deseo de emigrar a Estados Unidos con la intención de trabajar y enviar dinero a sus familias.
Todos ellos dijeron que tenían familiares en el norte.
Parte de las celebraciones se realizaron en la isla de Roatán, lugar donde recalaron los expulsados africanos. Allí se escenificó la llegada de sus antepasados con lanchas y cayucos. Muchos de los participantes cubrían sus cuerpos con hojas de plátano.
El Presidente de Honduras, José Manuel Zelaya, habló de la importancia que tiene la presencia garífuna en el carácter del pueblo hondureño.
Mientras, el líder Garífuna Céleo Alvarez aprovechó la oportunidad del evento para pronunciar, sin reservas, la falta de compromiso de parte del Gobierno para mejorar las condiciones de esta comunidad.
“¿Cómo es posible que después de 211 años de haber llegado a esta isla aún no tengamos una sola calle pavimentada?”, se preguntó en el acto oficial ante el presidente Zelaya y otros funcionarios.
Alfonso Aguilar y Ronald Boebuck asistieron a la celebración de la comunidad Garífuna en representación de la Organización Fiesta DC.
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